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miércoles, 22 de diciembre de 2021

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A la nueva variante ómicron del coronavirus le bastaron unas pocas semanas para cumplir las terribles predicciones sobre su enorme capacidad de contagio, pero los científicos aún no saben si causa una enfermedad más grave, mientras el mundo se enfrenta a una explosión de casos justo antes de la Navidad.

“Todo es más arriesgado ahora porque la ómicron es mucho más contagiosa”, dijo el doctor S. Wesley Long, quien dirige el laboratorio de análisis del Hospital Metodista de Houston, y quien en la última semana canceló varios planes para evitar la exposición.

La ómicron es ahora la variante dominante en Estados Unidos, dijeron el lunes funcionarios federales de salud, y representó cerca de tres de cada cuatro nuevas infecciones la semana pasada.

Su velocidad de propagación, que supera incluso la de la variante delta, tiene perplejos a los funcionarios de salud pública. En tres semanas, la ómicron representa el 80% de los nuevos casos sintomáticos diagnosticados en los centros de pruebas del Hospital Metodista de Houston. La variante delta tardó tres meses en alcanzar ese mismo nivel, explicó Long.

La rápida propagación de la mutación y su capacidad de evadir la inmunidad llegó en un mal momento: justo cuando aumentaron los viajes y mucha gente bajó la guardia.

En cualquier caso, todavía no está claro cómo afectará al mundo la ola de ómicron, ya que hay muchas preguntas sin respuesta. Aquí lo último que se sabe y lo que aún falta por saber sobre esta variante.

¿Cuánta protección ofrecen las vacunas?

Las vacunas aplicadas en Estados Unidos y en todo el mundo no ofrecen tanta protección contra ómicron como lo han hecho contra las versiones anteriores del coronavirus. Sin embargo, siguen siendo de gran ayuda.

Las pruebas de laboratorio muestran que, aunque dos dosis no sean suficientes para prevenir la infección, una inyección de refuerzo de la vacuna de Pfizer o de Moderna produce anticuerpos que combaten el virus y son capaces de hacer frente a ómicron.

Los niveles de anticuerpos descienden de forma natural con el paso del tiempo, y un refuerzo los vuelve a elevar, 25 veces en el caso de la inyección extra de Pfizer y 37 veces en el de Moderna.

Nadie sabe con exactitud qué nivel es lo suficientemente alto, ni cuánto tiempo pasará antes de que los niveles de anticuerpos empiecen a descender de nuevo.

Después de un refuerzo, la protección contra una infección por ómicron sigue siendo un 20% menor que la protección contra la variante delta, dijo el doctor Egon Ozer, de la Universidad Northwestern.

Pero si el virus supera esa primera línea de defensa, los vacunados cuentan con capas adicionales de protección.

 “Las vacunas van a proteger contra la enfermedad grave, la hospitalización y la muerte”, dijo Long, del Hospital Metodista. “Y eso es realmente lo más importante”.

Esas defensas adicionales incluyen células T que se movilizan para rechazar al virus, además de células de memoria que, una vez reactivadas, se agilizan para fabricar anticuerpos más numerosos y fuertes.

¿Qué pasa con la inmunidad natural?

Parece que una infección previa no ofrece mucha protección contra un contagio por ómicron, aunque, al igual que con la vacunación, puede reducir la posibilidad de una enfermedad grave.

En Sudáfrica, donde la ómicron está muy extendida, los científicos informaron de un aumento de las reinfecciones que no habían observado con las dos mutaciones anteriores que circularon por el país, incluida la delta.

En Gran Bretaña, un informe del Imperial College de Londres reveló el viernes que el riesgo de reinfección por ómicron es cinco veces mayor en comparación con la variante delta.

Los expertos en salud dicen que cualquier persona que haya sobrevivido a un contagio de COVID-19 debería vacunarse, ya que la combinación suele ofrecer una mayor protección.

¿Por qué otra razón se propaga tan rápido?

Algunos científicos intentan descifrar las docenas de mutaciones que posee la variante ómicron para averiguar qué más ocurre. Hace poco, unos investigadores de Hong Kong dieron a conocer indicios de que la nueva variante del coronavirus puede multiplicarse más rápido en las vías respiratorias que delta, aunque no con la misma eficacia en lo profundo de los pulmones.

Lo que los científicos no pueden medir es el comportamiento humano: En muchos lugares se relajaron las restricciones, el invierno obligó a celebrar reuniones en interiores y los viajes se dispararon justo cuando ómicron comenzó a propagarse.

¿Ómicron provoca una enfermedad más leve?

Todavía es demasiado pronto para saberlo, sobre todo teniendo en cuenta que si los vacunados contraen una infección, esta debería ser más leve que si ómicron ataca a los no vacunados.

Los primeros informes de Sudáfrica indicaban que la enfermedad es más leve, pero los médicos no están seguros de si esto se debe a que la población es bastante joven, o a que muchos conservan cierta protección de una infección delta reciente.

Y el estudio británico no encontró pruebas de que ómicron haya sido más leve que delta en Gran Bretaña, aun cuando los adultos jóvenes —que se esperaría que tuvieran una enfermedad más leve— tenían mayores tasas de infección con la ómicron.

“Hay un indicio, y creo que muchos de nosotros tenemos la esperanza, de que ómicron será menos grave. Pero no pienso que se pueda apostar por eso. Todavía estamos hablando del SARS CoV-2, un virus que ha matado a millones de personas”, dijo el Doctor Jacob Lemieux, que supervisa las variantes para una colaboración de investigación dirigida por la Escuela de Medicina de Harvard.

¿Quién tiene más riesgo?

Basándonos en el comportamiento de otras variantes, “si eres una persona mayor, si tienes afecciones subyacentes, si eres obeso, es más probable que desarrolles una enfermedad grave. No creo que sea diferente” a otras variantes, dijo el doctor Carlos del Río, de la Universidad Emory.

Pero aunque no te sientas muy mal, una infección por ómicron podría arruinarte las vacaciones. Los expertos coinciden en que, además de vacunarse y ponerse una dosis de refuerzo, es conveniente volver a los fundamentos de la prevención: usar mascarillas en interiores, evitar las multitudes y mantener la distancia.

Ref: https://www.elnuevodia.com/ciencia-ambiente/otros/notas/omicron-como-actua-esta-variante-del-coronavirus-y-lo-que-falta-por-aprender/

 


miércoles, 25 de noviembre de 2020

COVID 19 - Diferencias entre las vacunas de Pfizer, Moderna y Oxford

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Los tres candidatos más avanzados contra la covid se distinguen en factores como su precio, que varía entre tres y 21 euros por dosis, y su temperatura de conservación


La humanidad ha conseguido en poco más de 10 meses desarrollar tres vacunas experimentales con una aparente altísima eficacia contra el nuevo coronavirus. Las tres son muy prometedoras, pero cada una de ellas tiene sus ventajas e inconvenientes. Estas son sus diferencias.

Precio

La gran mayoría de la humanidad se tendrá que vacunar contra la covid, así que el precio de la inyección es uno de los factores esenciales para que el medicamento sea accesible para todos. Las diferencias entre las tres vacunas son enormes: la desarrollada por la Universidad de Oxford y AstraZeneca costará unos tres euros por dosis; la de la multinacional estadounidense Pfizer y la biotecnológica alemana BioNTech superaría los 15 euros por dosis, cinco veces más; y la concebida por la empresa estadounidense Moderna y los Institutos Nacionales de la Salud de EE UU alcanzaría los 21 euros por dosis, siete veces más que la de Oxford.

Temperatura de conservación

Llevar las vacunas contra la covid a todos los rincones del mundo será un desafío logístico con pocos precedentes. Una de las claves decisivas será la temperatura de conservación de cada producto. La Universidad de Oxford ha sacado pecho en un comunicado sobre que su vacuna experimental se mantiene en el frigorífico, a temperaturas de entre 2 y 8 grados, y por lo tanto se puede distribuir utilizando los canales ya existentes para otras vacunas. La inyección de Pfizer, sin embargo, necesita temperaturas ultrafrías, de unos 70 grados bajo cero, un problema que la empresa intentará solucionar mediante contenedores con hielo seco que pueden conservar la vacuna durante 15 días. El producto de Moderna está en un término medio. Su vacuna experimental permanece estable al menos seis meses a 20 grados bajo cero y aguanta 30 días en la nevera, con temperaturas de entre 2 y 8 grados.

Eficacia

Los equipos de las tres vacunas experimentales han proclamado eficacias de entre el 90% y el 95%, pero hay matices entre ellas. La Universidad de Oxford y AstraZeneca han anunciado este lunes una eficacia de hasta el 90%, a partir de un análisis de 2.700 personas que recibieron primero media dosis y al cabo de un mes otro pinchazo con una dosis completa. Con dos dosis enteras la eficacia, paradójicamente, se reduce al 62%, según los resultados de un estudio mayor, con 8.900 participantes. Los padres de la vacuna están estudiando este fenómeno y habrá que ver si la eficacia preliminar del 90% se mantiene en los resultados finales del ensayo clínico, que ya ha reclutado a unas 24.000 personas en el Reino Unido, Brasil y Sudáfrica.

La vacuna experimental de Pfizer y BioNTech ha sido la primera en ofrecer una cifra de eficacia —un 95%— con plena validez estadística, gracias a un ensayo con unos 44.000 participantes y 170 contagios entre ellos. Solo ocho de estas personas infectadas habían recibido dos dosis de la vacuna real. El resto, 162 voluntarios, recibieron dos inyecciones de agua con sales. Esta eficacia del 95% se mantiene constante en los diferentes grupos de edad y en todos los sexos y razas de los participantes en el ensayo, según ha destacado Pfizer.

La empresa estadounidense Moderna y los Institutos Nacionales de la Salud, por su parte, han anunciado una eficacia del 94,5%, según un primer análisis de un ensayo con 30.000 personas en EE UU. Sus resultados todavía son preliminares. Está previsto que en los próximos días se sumen nuevos datos y se alcance la suficiente potencia estadística como para confirmar la cifra o matizarla.

Dosis compradas por la UE

Las tres vacunas experimentales requieren dos dosis, separadas 21 días, en el caso de la de Pfizer, o un mes, en el caso de las candidatas de Oxford y Moderna. La Comisión Europea ha llegado a un acuerdo con la farmacéutica AstraZeneca para comprar 300 millones de dosis de la vacuna de Oxford, con opción a adquirir 100 millones más. Las autoridades europeas también han acordado con Pfizer-BioNTech la compra de 200 millones de dosis, ampliables a 300 millones. Y la Comisión Europea sigue negociando con Moderna, con quien ya existe un preacuerdo para comprar al menos 80 millones de dosis, ampliables a 160 millones. La UE tiene unos 450 millones de habitantes y ya ha llegado a acuerdos para comprar más de 1.300 millones de dosis de potenciales vacunas, incluidas las de la alemana Curevac, la estadounidense Johnson & Johnson y la alianza formada por la francesa Sanofi y la británica GSK.

REF: https://elpais.com/ciencia/2020-11-23/las-diferencias-abismales-entre-las-vacunas-de-pfizer-moderna-y-oxford.html


 

 


viernes, 25 de septiembre de 2020

COVID19 y el Avance del Cambio Climatico

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Las concentraciones de gases de efecto invernadero de la atmósfera se encuentran en niveles récord y continúan aumentado, y las emisiones, que se redujeron sutilmente a causa del COVID-19, ya están regresando a los niveles previos a la pandemia, asegura un nuevo inf

orme de las Naciones Unidas.

La investigación científica United in Science  (Unidos en la Ciencia), llevada a cabo por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el Programa de la ONU para el Medio Ambiente, el Panel Intergubernamental de Expertos del Cambio Climático, la UNESCO, y otras organizaciones internacionales, afirma que todo apunta a que el quinquenio 2016-2020 será el más cálido de la historia registrada, una tendencia que se mantendrá en los años que vienen.

Además, recalca que el mundo está muy lejos de cumplir los objetivos del Acuerdo de París para mantener el incremento de la temperatura mundial por debajo de los 2 °C con respecto a los niveles preindustriales o, mejor aún, de limitarlo a 1,5 °C.

“Nuestro mundo sigue desviado mu
y lejos del rumbo para cumplir el objetivo del Acuerdo de París de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados Celsius. Si las cosas siguieran como están, subiríamos de 3 a 5 grados por encima del nivel preindustrial”, advirtió el Secretario General de la ONU durante la presentación del informe.

António Guterres reiteró que las medidas de confinamiento a corto plazo por el coronavirus no son un sustituto de la acción climática sostenida.

“Las consecuencias de nuestra incapacidad para afrontar la emergencia climática están por todas partes: Olas de calor extremo, incendios, inundaciones y sequías devastadoras. Y estos desafíos solo van a empeorar”, añadió.

En el informe se destacan los crecientes e irreversibles impactos del cambio climático que afectan a los glaciares, los océanos, la naturaleza, las economías y las condiciones de vida de la población y que a menudo se perciben en forma de amenazas relacionadas con el agua, como los episodios de sequía o las crecidas de ríos.

El estudio también resalta como el COVID-19 ha obstaculizado la capacidad para monitorear esos cambios a través del sistema mundial de observación.

“Las concentraciones de gases de efecto invernadero —cuyo nivel ya es el más elevado en tres millones de años— no han dejado de aumentar. Entretanto, grandes extensiones de Siberia han sufrido una prolongada y notable ola de calor durante el primer semestre de 2020, algo imposible de no ser por el cambio climático causado por el hombre. Este informe evidencia que, aunque muchos aspectos de nuestras vidas se han visto alterados en 2020, el cambio climático avanza de manera implacable”, asegura en el informe el secretario general de la OMM, el profesor Petteri Taalas. 

 La última vez que los niveles de concentración de gases efecto invernadero fueron tan altos fue hace entre 2,6 y 5,3 millones de años, en la era del Plioceno, cuando había árboles en el Polo Sur y el nivel del mar era unos 20 metros más alto.

“Ya sea que estemos abordando una pandemia o la crisis climática, está claro que necesitamos ciencia, solidaridad y soluciones decisivas. Tenemos una opción: seguir como siempre, lo que conduce a más calamidades; o podemos utilizar la recuperación del COVID-19 para brindar una oportunidad real de poner al mundo en un camino sostenible”, enfatizó el Secretario General de la ONU.

REF https://news.un.org/es/story/2020/09/1480142



 


lunes, 24 de agosto de 2020

Actualizaciones con el COVID 19

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Casi al mismo tiempo que la pandemia de coronavirus comenzaba a traspasar fronteras como un tsunami imparable, laboratorios de todo el mundo iniciaban una carrera contra reloj para encontrar una vacuna que pueda contrarrestar al nuevo patógeno. No es el único recurso científico para detener al virus, pero sí el más importante. Las investigaciones siempre parten de la premisa de que el desarrollo de vacunas se caracteriza por un alto nivel de fracaso, pero los proyectos en marcha son 160, de los que 23 se encuentran en fase avanzada, y nunca antes la comunidad científica internacional había actuado tan coordinadamente ni con tantos recursos para solucionar un problema.
 
Los contagios declarados en todo el mundo rondan los 23,5 millones, mientras que los fallecimientos se aproximan a los 810.000, según los datos que recopila la Universidad Johns Hopkins. En total, hay 213 países y territorios heridos por el zarpazo de la enfermedad, prácticamente todos los del planeta, por lo que hallar una vacuna contra el nuevo coronavirus se ha convertido en una cuestión de máxima prioridad. Repasamos algunos de los puntos más importantes que caracterizan a este gran reto científico:

¿Por qué es importante una vacuna contra el coronavirus? 

Hasta que no se encuentre una vacuna efectiva, el coronavirus SARS-CoV-2 podrá circular libremente por las personas, que estarán expuestas al patógeno. El nuevo virus ha demostrado una capacidad de contagio superior a la que en un principio se estimó, lo que le ha permitido propagarse a lo largo y ancho del mundo de una manera explosiva.

Medidas como la higiene, el uso de mascarillas o el distanciamiento físico seguirán siendo muy efectivas, y pueden frenar el ritmo de contagios hasta niveles de relativa seguridad, pero el regreso a la situación anterior a la pandemia va a depender del hallazgo de soluciones terapéuticas. Dentro de estas, la vacuna es la más importante.

¿Cuántas fases debe superar una vacuna?

Antes de cualquier prueba clínica en humanos, el candidato a vacuna debe superar una Fase 0 o preclínica, que incluye pruebas in vitro y en animales. La vacuna debe demostrar que es segura y que funciona en los organismos animales. Si lo hace, puede pasar al estudio clínico en seres humanos, que se divide a su vez en en tres fases, con una cuarta opcional:

Fase 1: La vacuna se prueba en pequeños grupos de entre 20 y 100 personas sanas. El estudio se centra en confirmar que es segura y efectiva, identificando posibles efectos secundarios y determinando la dosis adecuada.

Fase 2: Es un estudio a mayor escala en el que participan varios cientos de personas. Aquí se evalúan los efectos secundarios más comunes en el corto plazo y cómo reacciona el sistema inmune.

Fase 3: Es un ensayo mucho más grande en el que participan varios miles de voluntarios. Se compara cómo evolucionan las personas que fueron vacunadas respecto a las que no. También se recolectan datos estadísticos acerca de la efectividad y la seguridad. Esta fase también sirve para detectar otros posibles efectos secundarios que hayan pasado desapercibidos en la Fase 2.

Posible fase 4: Muchas vacunas se someten a una Fase 4 después de que la vacuna haya sido sido aprobada. El objetivo es recabar aún más información que pueda reforzar su seguridad y eficacia.


Además de la vacuna, ¿qué otros tratamientos hay?

Los posibles tratamientos se han multiplicado en los últimos meses. En el portal estadounidense clinicaltrials.gov, donde se lleva la cuenta de los ensayos clínicos sobre COVID-19 en todo el mundo, hay ya registrados más de 3.000, de los que 147 se estarían desarrollando en España.

Los fármacos representarían la otra gran línea de investigación en la lucha contra el coronavirus. Se calcula que a nivel internacional hay alrededor de 200 nuevos medicamentos en vías de investigación para combatir el nuevo coronavirus, la mayoría de los cuales serían antivirales.

Estos medicamentos, administrados de manera individual o en combinación con otros, se dividirían principalmente en tres grupos:

Los destinados a impedir que el virus progrese dentro del organismo humano.

Los destinados a calmar la respuesta del sistema inmune (en los cuadros más graves de la enfermedad se desencadena una reacción inmunológica exagerada y potencialmente mortal, denominada "tormenta de citoquinas").

Los basados en anticuerpos, bien obtenidos en laboratorios o bien procedentes del plasma sanguíneo de pacientes que han superado la enfermedad.

Los tratamientos que se han utilizado desde el principio de la epidemia se han orientado a tres objetivos: antiviral, antiinflamatorio y antibiótico (las infecciones virales se asocian con frecuencia a infecciones bacterianas). Sin embargo, la evidencia clínica ha hecho que con el paso de las semanas se hayan añadido otros medicamentos como antitrombóticos o anticoagulantes.

Existe una serie de fármacos que ya han demostrado su eficacia con otras enfermedades , y que se han probado un cierto éxito con la COVID-19, aunque todos ellos se encuentran aún en fase de evaluación. Es lo que se conoce como "reposicionamiento de medicamentos", que presentan la ventaja de que la seguridad clínica ya está probada.

Entre estos, sobresale de una manera muy significativa la dexametasona, un fármaco barato y de fácil acceso en todo el mundo que puede ayudar a salvar vidas de pacientes que sufren complicaciones respiratorias severas, según un estudio de la Universidad de Oxford. El equipo investigador cree que el tratamiento a base de dosis bajas de esteroides supone un gran avance en la lucha contra la COVID-19, al reducir en un 33% el riesgo de muerte de los pacientes más graves, los que se encuentran conectados a ventiladores mecánicos.

En cuanto a antivirales, destaca el remdesivir, un medicamento desarrollado inicialmente contra el ébola y que se ha convertido en el primero aprobado por la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés) para su comercialización en la Unión Europea. Se trata de un fármaco que evita que el virus se replique en el organismo, y solo está indicado para tratar a pacientes con COVID-19 que se encuentren en estado grave. Hay que tener en cuenta que efectivamente supone un beneficio para estos enfermos, aunque sus resultados en cuanto a eficacia no dejan de ser discretos.

ref: https://www.rtve.es/noticias/20200824/se-sabe-vacuna-contra-coronavirus/2013431.shtml

jueves, 25 de junio de 2020

Gripe Española vs Corona Virus

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Enfermedad de Kawasaki y COVID-19 – Asociación Enfermedad de KawasakiA diferencia del nuevo coronavirus que afecta principalmente a las personas de mayor edad y parece no tener consecuencias fatales para los niños, la gripe española se empecinó con los adultos jóvenes, entre los 20 y los 40 años, haciendo que la esperanza de vida en EE.UU. cayera a los 39 años.

En 1918, en medio de la primera guerra mundial, una pandemia de influenza conocida como “gripe española” acabó con la vida de entre 20 y 50 millones de personas en todo el mundo y contagió a cerca de 500 millones.
Poco más de un siglo después, otro brote alcanza proporciones mundiales: esta vez se trata de un coronavirus. ¿Estamos ante un escenario similar?
La respuesta sencilla es no.

Como dijo el doctor Jeremy Brown, experto en influenza, en una columna de opinión en The Atlantic, lo más llamativo a la hora de comparar el COVID-19 y la gripe española no son las “similitudes entre los episodios, sino la distancia que ha viajado la medicina en el intermedio de un siglo”.

“Pase lo que pase después [de esto], no será 1918”, sentenció.

La “gripe española” se detectó por primera vez en los campamentos militares en Europa durante la Gran Guerra. El continente se encontraba en un conflicto bélico que enfrentó a las principales potencias donde proliferó la llamada “guerra de trincheras”. Los soldados pasaban semanas en huecos cavados en la tierra en medio del frío, la falta de alimentos y plagas de ratas y piojos.

Estas condiciones, al igual que el movimiento masivo de tropas, ayudaron a propagar la enfermedad. La propagación se dio en tres olas; siendo la segunda (que comenzó cerca de Boston, en Estados Unidos, donde vivían soldados que estuvieron en Europa) y la tercera las más graves.

La pandemia, que se propagó por todo el mundo, desde Japón hasta Argentina, terminó en el verano de 1919.

Es un “enemigo” distinto.

En su momento, los científicos no sabían a qué se enfrentaban. En 1918, no se habían descubierto los virus y no fue sino hasta 1933 que la comunidad científica pudo comprobar que la gripe fue identificada como de tipo A (H1N1).

A diferencia del nuevo coronavirus que produce la enfermedad que se conoce como COVID-19, y afecta principalmente a las personas de mayor edad y parece no tener consecuencias fatales para los niños, la gripe española se empecinó con los adultos jóvenes, entre los 20 y los 40 años, haciendo que la esperanza de vida en EE.UU. cayera a los 39 años.

Los recursos para tratar la enfermedad en la época eran también muy limitados en comparación a los de hoy en día: no existían vacunas, medicamentos antivirales o antibióticos para tratar infecciones bacterianas secundarias relacionadas con la gripe como la neumonía.

Los hospitales no contaban con suficientes equipos médicos: no había unidades de cuidado intensivo, ni respiradores y no se entendía la importancia de aislar a los enfermos, escribe Brown.

Sin embargo, medidas ‘no farmacéuticas’ como las que se toman ahora para enfrentar el coronavirus —lavado de manos, uso de tapabocas y cierre de lugares públicos—sí fueron populares en la época.

La tasa de mortalidad del coronavirus todavía es incierta, ya que no hay suficientes datos y varía de país a país.

ref: https://www.voanoticias.com/coronavirus/que-fue-gripe-espanola-en-que-parece-coronavirus